Novena a la Inmaculada (Día cuarto)



Lectura

“En desembarcando, vio Jesús la mucha gente que le aguardaba, enterneciéronsele con tal vista las entrañas, porque andaban como ovejas sin pastor, y así se puso a instruirles en muchas cosas” (Evangelio de San Marcos, 6, 34). 

Meditación

La Virgen ha sido siempre imán poderoso para atraer los corazones de los cristianos, y mantenerlos muy cerca de Jesucristo. Nosotros no podemos abandonar ni un instante nuestra preocupación apostólica; pongamos esta preocupación en manos de la Virgen, para que nos muestre cómo transformarla en hechos. 

María siempre muestra a Jesús. Los ángeles la felicitan hablándole de Dios nacido en sus entrañas. También los pastores. Ella les muestra al Hijo de Dios hecho hombre. El camino más fácil, seguro y corto de encontrar a Jesús, es María. Tratarla filialmente. Buscarla cada día desde el primer momento. Buscarla: “la encontraréis en las humildes tradiciones familiares de las familias cristianas, en particular en el Rosario. En la historia de la salvación, en el Evangelio, así como en los tesoros de la liturgia que transmiten el gran patrimonio del pensamiento y de la oración de la Iglesia” (Pablo VI) 

Oración

Oh Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen preparaste digna morada a tu Hijo, te suplicamos que, así como por la muerte prevista de tu Hijo la preservaste de toda mancha, por la intercesión de María, nos concedas llegar a ti enteramente limpios. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo. Amén.

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